“Nosotros cogimos de la basura las fotos familiares. Al final, teníamos las piezas del rompecabezas, pero al intentar encajarlas siempre quedaban vacios con extrañas formas parecidos a los países que uno no recuerda. Lo que quedó tras ellas, no era la vida, sino la más trivial de las realidades mundanas; un reloj sonando en la pared, un cuarto oscuro a mediodía, la atrocidad de una persona que solo piensa en sí misma.
Empezamos el imposible proceso de olvidarlas.
Se ha hablado mucho sobre las chicas todos estos años, pero no encontramos la respuesta. No importa la edad que tuvieran, o que fueran chicas, sólo que las amamos y que ellas no nos oyeron llamarlas. Y que aun no nos oyen desde fuera de esas habitaciones, dónde ellas estarán solas para siempre. Y dónde nunca encontraremos las piezas para poderlas encajar.”
Las Vírgenes Suicidas
Eternamente Bella, I.
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